miércoles, 3 de junio de 2026

ACTA DE RECONOCIMIENTO DE CHARLES ROMUALD GARDES, DECLARADA POR SU MADRE BERTHE GARDES

Traducción al español

(Documento original mejorado con IA para una mejor lectura)

Gardes, Ch. [Charles]

El día veintidós del mes de diciembre del año mil ochocientos noventa, a las cuatro de la tarde, ante nosotros, el abajo firmante, teniente de alcalde de Toulouse, oficial público del Estado Civil, delegado por él, compareció: Marie Berthe Gardes, tejedora, [nacida] en Toulouse el catorce de junio de mil ochocientos sesenta y cinco, domiciliada allí en la calle du Canon d'Arcole número 4, la cual nos ha declarado formalmente y conforme a la ley, reconocer como su hijo natural a Charles Romuald Gardes, nacido en Toulouse el once de diciembre de mil ochocientos noventa, inscrito en el Estado Civil el mismo día como hijo de padre desconocido y de Berthe Gardes.

Testigos domiciliados en Toulouse: Charles Espinasse, de veinte años de edad, calle Ingres número 8, y Henri Laurens, de cuarenta años de edad, calle de Toun número 12, no parientes. Lectura previamente realizada a la compareciente y a los testigos, quienes firmaron con nosotros.

(Firmas al pie: Berthe Gardes, Ch. Espinasse, Henri Laurens, y el Alcalde).



lunes, 1 de junio de 2026

ÚLTIMA FOTO DE GARDEL Y LE PERA, COLOMBIA, 1935



LETRAS DE GARDEL (MÚSICA) Y LE PERA (LETRA)


Amargura

Me persigue implacable

su boca que reía,

acecha mis insomnios

ese recuerdo cruel,

mis propios ojos vieron

cómo ella le ofrecía

el beso de sus labios

rojos como un clavel.

Un viento de locura

atravesó mi mente,

deshecho de amargura

yo me quise vengar,

mis manos se crisparon,

mi pecho las contuvo,

su boca que reía

yo no pude matar.

 

Fue su amor de un día

toda mi fortuna,

conté mi alegría

a los campos y a la luna.

Por quererla tanto,

por confiar en ella,

hoy hay en mi huella

sólo llanto y mi dolor.

 

Doliente y abatido

mi vieja herida sangra.

Bebamos otro trago

que yo quiero olvidar,

pero estas penas hondas

de amor y desengaño

como las yerbas malas

son duras de arrancar.

Del fondo de mi copa

su imagen me obsesiona,

es como una condena

su risa siempre igual,

coqueta y despiadada

su boca me encadena,

se burla hasta la muerte

la ingrata en el cristal.

 

 

Amores de estudiante

Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.

En unos labios ardientes
dejar una promesa
apasionadamente.
Quiero calmar los enojos
de aquellos claros ojos
siempre mintiendo amor.

Por un mirar que ruega
perder la quietud.
Mujercitas sonrientes
que juran virtud.
Es una boca loca
la que hoy me provoca.
Hay un collar de amores
en mi juventud.

Fantasmas del pasado,
perfumes de ayer,
que evocaré doliente
plateando mi sien.
Bandadas de recuerdos
de un tiempo querido,
lejano y florido
que no olvidaré.

Hoy un juramento,
mañana una traición,
amores de estudiante
flores de un día son.

 

Apure delantero buey

Recitado:
Apure delantero buey,

siga la huella...


Quisiera ser golondrina,
quisiera ser golondrina
que vuela cortando el viento,
para ir ansioso y decirle
que es mío su juramento.

Recitado:

Apure delantero buey,
no se me achique, vamos...
(Tarareo y silbado)

Otro poquito más

y ya vamos llegando, Mariposa..

Me ofrece la mañanita,
me ofrece la mañanita
el perfume de sus flores,
pero mi criolla es más linda
y sus ojos son dos soles.

Recitado:

Vamos, otro poquito más,

que tu apuro lo pagará

mi china con una caricia...

(Tarareo)
Ajajá, a ver, ya vamos llegando,

por ahí no hay más... Sssh

Bueno... ¡Lindo!

 

Arrabal amargo

Arrabal amargo,
metido en mi vida,
como la condena
de una maldición.
Tus sombras torturan
mis horas sin sueño,
tu noche se encierra
en mi corazón.
Con ella a mi lado
no vi tus tristezas,
tu barro y miserias,
ella era mi luz.
Y ahora, vencido,
arrastro mi alma,
clavao a tus calles
igual que a una cruz.

Rinconcito arrabalero,
con el toldo de estrellas
de tu patio que quiero.
Todo, todo se ilumina,
cuando ella vuelve a verte
y mis viejas madreselvas
están en flor para quererte.
Como una nube que pasa
mis ensueños se van,
se van, no vuelven más.

No digas a nadie
que ya no me quieres.
Si a mí me preguntan
diré que vendrás.
Y así cuando vuelvas,
mi alma, te juro,
los ojos extraños
no se asombrarán.
Verás cómo todo
te esperaba ansioso:
mi blanca casita
y el viejo rosal...
Y cómo de nuevo
alivia sus penas
vestido de fiesta
mi viejo arrabal.

 

Caminito soleado

Claro caminito criollo
florido y soleado,
con pañuelo bordado
vos me viste pasar.
Mientras los pastos amigos
que saben mi anhelo,
como un dulce consuelo,
su verde saludo
me hacían llegar.

Cruzando montes y valles,
con alas venía
mi pobre carreta,
con su carga de esperanzas
las ruedas hacían
al viento gambetas.
Y cuando ya atravesaba
la hondura del vado
de lenta corriente,
una congoja naciente
detuvo su impulso
parando su andar,
porque en aquel arroyito
a veces tus ojos
se saben mirar.

Y cuando vi su casita
de puro celoso
me sobró el pampero,
para contarle chismoso
que traigo en mi apero
mil prendas de amor.
Para su pelo una cinta
que llevo escondida
de lindo color.
Para sus labios mi antojo
y para sus ojos
un claro cristal,
y pa' su blanca garganta
el criollo que canta
tiene este cantar.

Claro caminito criollo
florido y soleado,
quiero yo que se asombre
cuando ella me nombre
al verme llegar.

 

Criollita decí que sí

Criollita, decí que sí,
que ya no alumbra el lucero,
porque tus ojos que quiero
ya no brillan para mí.
Un pedacito de cielo
es mi dicha y es mi antojo,
y yo guardo escondido
como un tesoro querido
el mechoncito de pelo
que me ha amarrado a tus ojos.

Criollita, no digas nada
si al viento doy mi lamento,
que la amargura que siento
está en mi pecho clavada.
Una florcita me diste
y un beso yo te robé,
y nunca sabrás, chinita,
todo el daño que me hiciste
con el besito robado
que aquella tarde perdiste.

Criollita, decí que no,
que de tormento me muero,
porque tu boca que anhelo
todo su fuego me dio.
Dos angustias voy teniendo
enredadas en mi pecho
y voy llevando maltrecho
las penas que estoy sufriendo,
que si tu desdén me mata
tu amor me va consumiendo.

 

Cuesta abajo

Si arrastré por este mundo
la vergüenza de haber sido
y el dolor de ya no ser.
Bajo el ala del sombrero
cuantas veces, embozada,
una lágrima asomada
yo no pude contener...
Si crucé por los caminos
como un paria que el destino
se empeñó en deshacer;
si fui flojo, si fui ciego,
sólo quiero que comprendan
el valor que representa
el coraje de querer.

Era, para mí, la vida entera,
como un sol de primavera,
mi esperanza y mi pasión.
Sabía que en el mundo no cabía
toda la humilde alegría
de mi pobre corazón.
Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
yo no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá.

Por seguir tras de su huella
yo bebí incansablemente
en mi copa de dolor,
pero nadie comprendía
que, si todo yo lo daba
en cada vuelta dejaba
pedazos de corazón.
Ahora, triste, en la pendiente,
solitario y ya vencido
yo me quiero confesar:
si aquella boca mentía
el amor que me ofrecía,
por aquellos ojos brujos
yo habría dado siempre más.

 

El día que me quieras

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo de tu suspirar,
¡como ríe la vida
si tus ojos negros me quieren mirar!
Y si es mío el amparo
de tu risa leve que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
¡todo, todo se olvida!

El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Al viento las campanas
dirán que ya eres mía
y locas las fontanas
me contarán tu amor.
La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá…¡que eres mi consuelo!

Recitado:
El día que me quieras
no habrá más que armonías,
será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodías
y nos darán las fuentes
su canto de cristal.
El día que me quieras
endulzará sus cuerdas
el pájaro cantor,
florecerá la vida,
no existirá el dolor…

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar
y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa
que verá… ¡que eres mi consuelo!

 

En los campos en flor

En los campos en flor
hay una estrellita errante,
es la luz de tus ojos
que llega hasta mí, anhelante.

Pensar que yo no te aprecié,
viéndote humilde amapola.
Soñaba con rosas
que son más hermosas,
pero tan llenas de espinas
que causan heridas
en el corazón.

Si te acuerdas de mí,
estrella de mis amores,
acude en mi consuelo,
alíviame mis dolores.

Pasó el amor, la juventud,
toda la gloria del mundo,
dejándome herido
de crueles olvidos.
Solo tu imagen divina
me cura la herida
de mi corazón.

En los campos en flor
en donde sembraré mis horas,
no quedan ya más flores
que tú, mi linda amapola.

Te quiero dar mi corazón
para pagar tus desvelos,
mi gloria, mi cielo,
mi roja amapola,
siempre callada y tan sola
curando las penas
de mi incomprensión.

 

Golondrinas

Golondrinas de un solo verano
con ansias constantes de cielos lejanos.
Alma criolla, errante y viajera,
querer detenerla es una quimera.
Golondrinas con fiebre en las alas
peregrinas borrachas de emoción...
Siempre sueña con otros caminos
la brújula loca de tu corazón.

Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
la golondrina un día
su vuelo detendrá;
no habrá nube en sus ojos
de vagas lejanías
y en tus brazos amantes
su nido construirá.
Su anhelo de distancias
se aquietará en tu boca
con la dulce fragancia
de tu viejo querer...
Criollita de mi pueblo,
pebeta de mi barrio,
con las alas plegadas
también yo he de volver.

En tus rutas que cruzan los mares
florece una estela azul de cantares
y al conjuro de nuevos paisajes
suena intensamente tu claro cordaje.
Con tu eterno sembrar de armonías
Tierras lejanas te vieron pasar;
otras lunas siguieron tus huellas,
tu solo destino es siempre volar.

 

 

Guitarra mía (Guitarra, guitarra mía)

Guitarra, guitarra mía,
por los caminos del viento
vuelan en tus armonías
coraje, amor y lamento.

Lanzas criollas de antaño
a tu conjuro pelearon,
mi china oyendo tu canto,
sus hondas pupilas
de pena lloraron.
¡Guitarra, guitarra criolla,
dile que es mío ese llanto!

Azules noches pamperas
donde calme sus enojos,
hay dos estrellas que mueren
cuando se duermen sus ojos.
Guitarra de mis amores,
con tu penacho sonoro
vas remolcando mis ansias
por rutas marchitas
que empolvan dolores.
¡Guitarra, noble y querida,
calla si ella me olvida!

Midiendo eternas distancias
hoy brotan de tu encordado
sones que tienen fragancias
de un tiempo gaucho olvidado.
Cuando se eleva tu canto
como se aclara la vida,
y a veces tienen tus cuerdas
caricias de dulces
trenzas renegridas.
¡Como ave azul sin amarras,
así es mi criolla guitarra!

 

Lejana tierra mía

Lejana tierra mía
bajo tu cielo,
bajo tu cielo,
quiero morirme un día
con tu consuelo,
con tu consuelo.
Y oír el canto de oro
de tus campanas
que siempre añoro;
no sé si al contemplarte
al regresar
sabré reír o llorar...

Silencio de mi aldea
que sólo quiebra la serenata
de un ardiente Romeo
bajo una dulce luna de plata.
En un balcón florido
se oye el murmullo
de un juramento,
que la brisa llevó con el rumor
de otras cuitas de amor.

Siempre está
el balcón
con su flor
y su sol...
Tú no estás, faltas tú...
¡Oh! Mi amor...

Lejana tierra mía
de mis amores,
como te nombro
en mis noches de insomnio
con las pupilas
llenas de asombro...
Dime, estrellita mía,
que no son vanas mis esperanzas;
bien sabes tú que pronto he de volver
a mi viejo querer.

 

Mi Buenos Aires querido

Mi Buenos Aires querido
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más pena ni olvido.

El farolito de la calle en que nací
fue el centinela de mis promesas de amor,
bajo su quieta lucecita yo la vi
a mi pebeta, luminosa como un sol.
Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,
ciudad porteña de mi único querer,
oigo la queja de un bandoneón,
dentro del pecho pide rienda el corazón.

Mi Buenos Aires
tierra florida
donde mi vida
terminaré.
Bajo tu amparo
no hay desengaños,
vuelan los años,
se olvida el dolor.
En caravana
los recuerdos pasan,
con una estela
dulce de emoción.
Quiero que sepas
que al evocarte,
se van las penas
de mi corazón.

La ventanita de mi calle de arrabal.
donde sonríe una muchachita en flor,
quiero de nuevo yo volver a contemplar
aquellos ojos que acarician al mirar.
En la cortada más maleva una canción
dice su ruego de coraje y de pasión,
una promesa y un suspirar,
borró una lágrima de pena aquel cantar.

Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver,
no habrá más pena ni olvido.

 

Olvido

Algún florido campito

y un pingo que es como el viento,

y una alhaja es mi ranchito

pero alegrías no tengo.

 

Porque allá en la lejanía

donde vive mi tormento

la palomita de un día

olvidó su juramento.

 

 

Por tu boca roja

Por tu boca roja que me ha fascinado

la vida en un trago yo quiero beber.

Extraña sirena, cálida y morena

que turbó la calma de mi corazón.

    

Qué importa en la muerte ver un desafío,

si el sueño que ansío es tu hondo querer.

Por tu boca loca que me ha fascinado,

la vida en un trago yo quiero beber.

 

 

Por una cabeza

Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar,
y que al regresar
parece decir:
No olvidés, hermano,
vos sabés, no hay que jugar.
Por una cabeza,
metejón de un día
de aquella coqueta
y risueña mujer,
que al jurar sonriendo
el amor que está mintiendo,
quema en una hoguera
todo mi querer.

Por una cabeza,
todas las locuras.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza,
si ella me olvida
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.

Cuántos desengaños,
por una cabeza.
Yo juré mil veces,
no vuelvo a insistir.
Pero si un mirar
me hiere al pasar,
sus labios de fuego
otra vez quiero besar.
Basta de carreras,
se acabó la timba.
¡Un final reñido
ya no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero.
¡Qué le voy a hacer..!

 

Recuerdo malevo

Era mi pebeta una flora maleva
más linda que un día dorado de sol.
Trenzas renegridas, mirada que ruega,
boca palpitante de fuego y de amor.
Para conquistarla yo me jugué entero,
no valía la pena sin ella vivir,
peleando con taitas en un entrevero
pensé que era lindo por ella morir.

Tiempo viejo,
caravana
fugitiva
¿donde estás?

Florido tiempo que añoro
por tus caminos de olvido
viajan visiones que lloro,
sueño querido que te alejas.

Tiempo viejo,
caravana
fugitiva
¿donde estás?

Cinco años pasaron de la primer cita,
burlón el destino me obligó a volver.
Qué viejos los ojos de la muchachita,
que un día riendo me enseñó a querer.
Fuimos sin pensarlo como dos extraños,
su boca marchita y mi suspirar.
Habiendo cenizas de los desengaños
el recuerdo, amigo, es mejor borrar.

 

Rubias de New York

Mary, Peggy, Betty, July,
rubias de New York,
cabecitas adoradas
que mienten amor.
Dan envidia a las estrellas,
yo no sé vivir sin ellas.
Mary, Peggy, Betty, July,
de labios en flor.

Es como el cristal
la risa loca de July,
es como el cantar
de un manantial.
Turba mi soñar
el dulce hechizo de Peggy,
su mirar azul
hondo como el mar.

Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas.
Frágiles muñecas
del olvido y del placer;
ríen su alegría,
como un cascabel.

Rubio cocktail que emborracha,
así es Mary.
Tu melena que es de plata
quiero para mí.
Si el amor que me ofrecías
sólo dura un breve día,
tiene el fuego de una brasa
tu pasión, Peggy.

 

Es como el cristal
la risa loca de July,
es como el cantar
de un manantial.
Turba mi soñar
el dulce hechizo de Peggy,
su mirar azul
hondo como el mar.

Deliciosas criaturas perfumadas,
quiero el beso de sus boquitas pintadas.
Frágiles muñecas
del olvido y del placer,
ríen su alegría,
como un cascabel.

 

Soledad

Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
vos ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad,
pasan las noches y el minutero muele
la pesadilla de su lento tic-tac.

En la doliente sombra de mi cuarto, al esperar
sus pasos que quizás no volverán,
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusión.
Y que al desvanecerse va dejando su visión,
cenizas en mi corazón.

En la plateada esfera del reloj,
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contemplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral,
se va con ella tu boca que era mía,
sólo me queda la angustia de mi mal.

 

Suerte negra

Dicen que jurar en vano
es maldad que se castiga,
pero en su pecho inhumano
hay crueldad y me mintió.
Con su sonrisa más fina
me dijo: “Te quiero yo”,
y una noche de neblina
con un turco se fugó.
Ayer me fui al cementerio
con mi vida a terminar,
pero yo soy de suerte tan negra
que el portero no me dejó entrar.

Cuando conmigo vivías
a vos nada te faltaba

tenías sed, no comías,

y yo me ponía a cantar.

¡Ingrata!, al verte con otro
tuve ganas de matar,
pero pensé que eras huérfana
y me puse a sollozar.
Ahora, como ave sin rumbo,
sólo tengo mi canción:
yo sé bien que si ustedes la oyen
sentirán llorar mi corazón.

 

Sus ojos se cerraron

Sus ojos se cerraron
y el mundo sigue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad,
y ahora que la evoco
hundido en mi quebranto,
las lágrimas trenzadas
se niegan a brotar,
y no tengo el consuelo
de poder llorar.

¡Porqué tus alas tan cruel quemó la vida!
¡Porqué esta mueca siniestra de la suerte!
Quise abrigarla y más pudo la muerte,
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira ese lamento.
¡Hoy está solo mi corazón!

Como perros de presa
las penas traicioneras
celando su cariño
galopaban detrás,
y escondida en las aguas
de su mirada buena
la suerte agazapada
marcaba su compás.
En vano yo alentaba
febril una esperanza.
Clavó en mi carne viva
sus garras el dolor,
y mientras en las calles
en loca algarabía
el carnaval del mundo
gozaba y se reía,
burlándose el destino
me robó su amor.

 

Viejos tiempos

Viejos tiempos de la infancia
yo recuerdo con cariño
los momentos que pasaron
en mi alma yo he llevado
como alivio de mi vida.
La fragancia de esos tiempos
se confunden con tu imagen
sofocando los tormentos
y las horas que fugaron
cuando te vi por vez primera amado bien.

Me recuerdo aquella noche de aquel carnaval
cuando disfrazada estabas de Pierrot Lunar
y juntitos suspiramos
un amor triunfal
aureolado de estrellas
en tu resplandor.
Me recuerdo aquella de aquel carnaval
con las notas balbucientes de un lánguido vals
y en las noches de mi barrio
me aparece tu semblante
con caricias perfumadas
por las flores de arrabal.

Palpitar de negros ojos
de antifaz de terciopelo
que de un madrigal huyeron
cantados por labios rojos
que mi vida embellecieron.
Mascarita tan soñada
la pebeta de mi barrio
mujercita de mi vida
fuistes vos mi princesita
y humilde esclavo siempre fui de tu altivez.

Me recuerdo aquella noche de aquel carnaval
cuando disfrazada estabas de Pierrot Lunar
y juntitos suspiramos un amor triunfal
aureolado de estrellas en tu resplandor.

Me recuerdo aquella noche de aquel carnaval
con las notas balbucientes de un lánguido vals
y en las noches de mi barrio
me aparece tu semblante
con caricias perfumadas
por las flores de arrabal.

 

 

 

Volver

yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos,
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus pálidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo:
“Tuya es su vida, tuyo es su querer”,
bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver.

Volver,
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir, que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir,
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo,
que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye,
tarde o temprano detiene su andar.
Y aunque el olvido que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guarda escondida una esperanza humilde,
que es toda la fortuna de mi corazón.

 

Volvió una noche

Volvió una noche, no la esperaba,
había en su rostro tanta ansiedad
que tuve pena de recordarle
su felonía y su crueldad.
Me dijo humilde: “Si me perdonas,
el tiempo viejo otra vez vendrá.
La primavera es nuestra vida,
verás que todo nos sonreirá”.

Mentira, mentira, yo quise decirle,
las horas que pasan ya no vuelven más.
Y así mi cariño al tuyo enlazado
es sólo un fantasma del viejo pasado
que ya no se puede resucitar.
Callé mi amargura y tuve piedad.
Sus ojos azules, muy grandes se abrieron,
mi pena inaudita pronto comprendieron
y con una mueca de mujer vencida
me dijo: “Es la vida”, y no la vi más.

Volvió esa noche, nunca la olvido,
con la mirada triste y sin luz.
Y tuve miedo de aquel espectro
que fue locura en mi juventud.
Se fue en silencio, sin un reproche,
busqué un espejo y me quise mirar.
Había en mi frente tantos inviernos
que también ella tuvo piedad.